Esta semana, una vez más, una noticia triste ha sido utilizada por los partidos políticos y sus respectivos medios de comunicación para sembrar división y polémica. Miguel Ángel Blanco, descanse en la paz del Señor, cuyo asesinato hace 10 años fuera el detonante del llamado "espíritu de Ermua" es recuperado como estandarte de la lucha frente a ETA. No voy a hacer comentarios acerca de cómo se ha recordado este asesinato, de qué me parece la política antiterrorista o de lo que dijo tal o cual señor porque, aparte de a quién destino mi voto, son cosas que no están en mi mano cambiar aquí y ahora.
"Hay que recuperar el espíritu de Ermua", escuché a alguien el otro día. Sobre esto sí voy a decir algo, porque mi espíritu sí está en mi mano (no es que vaya a descubrir dónde se encuentra el alma, como los filósofos griegos, pero me entendéis...). ¿Acaso el espíritu de Ermua es el que va a poner fin a la violencia, cuando mucha gente que me encontré en aquella manifestación, poseída por el "espíritu de Ermua" insistían en asesinar a aquellos asesinos? Pero voy más allá... ¿Acaso el "espíritu de Ermua" es una persona que está viva, que te inspira en los momentos de debilidad, que te sugiere la palabra y el hecho oportuno con el hermano solo y desamparado? ¿Acaso el "espíritu de Ermua" permite amar sin medida, haciendo de tu vida una continua alabanza al Padre Señor y Creador de todas las cosas? ¿Acaso el "espíritu de Ermua" te revela la verdad? Lo que hay que recuperar es el Espíritu Santo, que es el que obra todo esto y mucho más, y es el que te hace tomar posición en cualquier conflicto (político, terrorista, familiar, social,...) con la óptica de Jesucristo, que es a lo que está llamado todo cristiano. Puede que Jesucristo esté de acuerdo con el "espíritu de Ermua"... pero también es posible que no.
No digo que un cristiano no deba tomar posición ante todo lo que afecta a la sociedad en la que vive; es más, debe tomar parte, pero a la hora de hacerlo, Cristo debe ser el Señor, el primero en todo y nuestras posiciones deben someterse a Él. Un ateo puede recuperar el espíritu de Ermua, porque no tiene nada mejor; pero un cristiano sí tiene algo mejor, y contentarse con el espíritu de Ermua es casi una ofensa, comparado con lo que nos ha prometido el Padre.